[Publicado en FB el 11/10/2012]
Hay padres que quieren otra cosa, y tienen motivos válidos.
Pero a mí me gustaría encontrar un lugar donde los chicos puedan aprender inglés sin presiones, sin notas, un espacio donde se "sumerjan" en la cotidianeidad del idioma. No para tener un certificado de que saben leer y escribir en inglés, sino para que puedan comunicarse bien en inglés, con o sin papeles.
Me parece una complicación innecesaria que un chico tenga que pasar el tiempo que le dejan la escuela, los deberes y las demás actividades aprendiendo tablas de verbos irregulares, reglas gramaticales y esquemas sintácticos, cosas que los bebés aprenden naturalmente escuchando y hablando; esas cosas se deberían enseñar una vez que ya podés mantener una conversación, aunque sea sencilla. Es decir: primero incorporar el léxico, la forma, etc., para recién después explicarlos, dar cuenta de excepciones, etc. Es decir: primero adquirir, luego explicar.
[Agrego otro ejemplo: hagan memoria, ¿cuándo aprendieron a jugar al truco, cuando les explicaron las reglas o cuando les dieron las cartas, les mostraron, los corrigieron...? Seguro que las reglas las entendieron recién después de haber jugado un par de veces]
Para colmo, muchas veces con las clases no alcanza... pero si yo les tengo que dar apoyo en casa y sentarme horas con ellos para que entiendan y puedan completar el libro porque no pueden hacerlo solos, ¿para qué pago un instituto?
Me gustaría más ver que hacen cosas, como cocinar, jugar, charlar, barrer, leer, cantar, bailar, pero en inglés. Puede ser más lento, pero más divertido. Me dirán que esto se hace, pero yo veo chicos sentados en sillas con libros de inglés y pizarrón al frente, generalmente diálogos ficticios disociados del hacer.
Y una vez más: en el idioma que sea, "las notas" son, en mi opinión, una herramienta que los maestros usan para ejercer su poder sobre el alumno (pobres, alguna tienen que tener ;-). En lugar de usar un sistema de evaluación para diagnosticar en qué momento evolutivo está el alumno, cómo está aprendiendo, y en base a ello re-elaborar estrategias para facilitar el aprendizaje, la evaluación se usa para castigar al que no obedece el dictamen del docente: "usted tiene que estar acá".
Para mí es claro que:
- un alumno respeta más a un docente que le pone una buena nota que al que le pone un dos
- el padre se pregunta para qué paga si no aprende
- el maestro le pasa al alumno toda la responsabilidad de aprender (y la de aprender a medida del maestro)
¿Se podrá enseñar desde otro lugar?
Por supuesto, los chicos son lo suficientemente flexibles como para aprender igual - se trata de no sufrir tanto en el intento.
martes, 8 de enero de 2013
De educadores, evaluaciones y educaciones
[Publicado en FB el 19/8/2012]
"Yo creo que se podría aprender sin tener que odiar lo que estudiamos" (Frato)
Entre las eternas e inmutables leyes naturales de los Sistemas, John Gall ("Systemantics") lista la siguiente: "Ni bien surgen a la vida, los Sistemas desarrollan sus propias metas ". En otras palabras, no importa el objetivo con el que un sistema es creado, éste elige y persigue objetivos propios que tienen que ver con su supervivencia, y poco en general con los deseos de quienes los imaginaron.
El sistema educativo, como cualquier otro, refleja estos principios. Y no tiene más remedio que ceñirse a las generales de la Ley. Así, uno conoce docentes cuyo objetivo principal pareciera ser que los alumnos completen el cuaderno de ejercitación anual, y otros para quienes es difícl creer haya algo más importante que la respuesta correcta a una docena de preguntas, cuatro veces por año.
Que alguien aprenda, en todo el amplio sentido de la palabra, parece haberse convertido en una cosa circunstancial y tal vez hasta inconveniente por el esfuerzo que conlleva. Todavía hay docentes que creen que el evaluado es el alumno, y que una evaluación es una prueba a superar. Ellos son los que usan los exámenes no como herramienta para guiar la enseñanza, sino como un fin (es notable la mejora, en este sentido, del Reglamento General de Escuelas, que en 2011 ya no asocia "evaluar" sólo a "juzgar el conocimiento del alumno": se evalúan las prácticas de enseñanza, la evaluación sirve como "input" para el diseño y rediseño de las estrategias didácticas).
Es que el resultado de una evaluación nos dice tanto o más del docente que del alumno: qué capacidad tuvo para llegar a ellos, para hacerlos parte del proceso educativo, para despertar su interés por conocer, por comprender y por hacer. Si fue capaz de entender la educación como un servicio centrado en el alumno, y no como un trabajo centrado en el profesor.
El estudio debería ser una elección, no una obligación. Aprender debería ser un placer, no un martirio. ¿Por qué ir a la escuela? Para el que estudia, es una herramienta de competitividad. En un mundo donde el trabajo escasea, hay que tener certificados para ganárselo a otro. La escuela moderna es un invento del Estado para "uni-formar" a la población, es decir, para formarla a medida de su necesidad, la de la era industrial.
Como nos mostraron Tonucci y Toffler hace ya años (reflejado después por The Wall), la escuela moderna es un modelo de la fábrica, y prepara a las masas para para producir, cumplir, obedecer. En la fábrica del pasado, la creatividad era un riesgo que debía controlarse. Los futuros dirigentes, en cambio, van a escuelas de elite, en las que aprenden los secretos del negocio y del mando.
Sir Ken Robinson nos enseña, desde hace unos años, que esa escuela-fábrica, con gente clasificada por edades y por materias, cumpliendo horarios y programa, mata la creatividad en esta sociedad post industrial donde el valor no está en la uniformidad sino en saber ser diferente, en atreverse a ser quien se es, y lograrlo.
La escuela moderna está en una etapa de profunda transformación, más profunda que la distinción entre conductismo y constructivismo. El desafío es plantear una nueva didáctica que permita a cada uno descubrir lo valioso dentro de sí, y darle las herramientas para que con eso llegue a hacer algo con eso para él y para los demás. Todo esto sin dejar de dar a todos elementos básicos, comunes y necesarios para desenvolverse en el mundo real, para poder relacionarse con los otros en nivel de igualdad.
Y eso no significa obligar a adquirir conocimientos coyunturales que no a todos interesan y a pocos agregan (pero sí a quienes los buscan): se trata de dar herramientas para vivir, para entender el mundo, para hacer y para crecer en la medida de la potencialidad de cada uno.
"Yo creo que se podría aprender sin tener que odiar lo que estudiamos" (Frato)
Entre las eternas e inmutables leyes naturales de los Sistemas, John Gall ("Systemantics") lista la siguiente: "Ni bien surgen a la vida, los Sistemas desarrollan sus propias metas ". En otras palabras, no importa el objetivo con el que un sistema es creado, éste elige y persigue objetivos propios que tienen que ver con su supervivencia, y poco en general con los deseos de quienes los imaginaron.
El sistema educativo, como cualquier otro, refleja estos principios. Y no tiene más remedio que ceñirse a las generales de la Ley. Así, uno conoce docentes cuyo objetivo principal pareciera ser que los alumnos completen el cuaderno de ejercitación anual, y otros para quienes es difícl creer haya algo más importante que la respuesta correcta a una docena de preguntas, cuatro veces por año.
Que alguien aprenda, en todo el amplio sentido de la palabra, parece haberse convertido en una cosa circunstancial y tal vez hasta inconveniente por el esfuerzo que conlleva. Todavía hay docentes que creen que el evaluado es el alumno, y que una evaluación es una prueba a superar. Ellos son los que usan los exámenes no como herramienta para guiar la enseñanza, sino como un fin (es notable la mejora, en este sentido, del Reglamento General de Escuelas, que en 2011 ya no asocia "evaluar" sólo a "juzgar el conocimiento del alumno": se evalúan las prácticas de enseñanza, la evaluación sirve como "input" para el diseño y rediseño de las estrategias didácticas).
Es que el resultado de una evaluación nos dice tanto o más del docente que del alumno: qué capacidad tuvo para llegar a ellos, para hacerlos parte del proceso educativo, para despertar su interés por conocer, por comprender y por hacer. Si fue capaz de entender la educación como un servicio centrado en el alumno, y no como un trabajo centrado en el profesor.
El estudio debería ser una elección, no una obligación. Aprender debería ser un placer, no un martirio. ¿Por qué ir a la escuela? Para el que estudia, es una herramienta de competitividad. En un mundo donde el trabajo escasea, hay que tener certificados para ganárselo a otro. La escuela moderna es un invento del Estado para "uni-formar" a la población, es decir, para formarla a medida de su necesidad, la de la era industrial.
Como nos mostraron Tonucci y Toffler hace ya años (reflejado después por The Wall), la escuela moderna es un modelo de la fábrica, y prepara a las masas para para producir, cumplir, obedecer. En la fábrica del pasado, la creatividad era un riesgo que debía controlarse. Los futuros dirigentes, en cambio, van a escuelas de elite, en las que aprenden los secretos del negocio y del mando.
Sir Ken Robinson nos enseña, desde hace unos años, que esa escuela-fábrica, con gente clasificada por edades y por materias, cumpliendo horarios y programa, mata la creatividad en esta sociedad post industrial donde el valor no está en la uniformidad sino en saber ser diferente, en atreverse a ser quien se es, y lograrlo.
La escuela moderna está en una etapa de profunda transformación, más profunda que la distinción entre conductismo y constructivismo. El desafío es plantear una nueva didáctica que permita a cada uno descubrir lo valioso dentro de sí, y darle las herramientas para que con eso llegue a hacer algo con eso para él y para los demás. Todo esto sin dejar de dar a todos elementos básicos, comunes y necesarios para desenvolverse en el mundo real, para poder relacionarse con los otros en nivel de igualdad.
Y eso no significa obligar a adquirir conocimientos coyunturales que no a todos interesan y a pocos agregan (pero sí a quienes los buscan): se trata de dar herramientas para vivir, para entender el mundo, para hacer y para crecer en la medida de la potencialidad de cada uno.
La mente colectiva
[Publicado en FB el 12/4/2012]
En "Más que humano" (1953), Sturgeon cuenta una historia en la que seis personas especiales tienen extrañas habilidades y colaboran para comportarse como un único ser, evolucionando para llegar a lo que el autor llama un "homo gestalt", un nuevo paso en la evolución.
La idea siempre me atrajo: un nuevo escalón evolutivo que pasa de la conciencia individual a una especie de super-conciencia más poderosa y grupal, que requiere un absoluto desprendimiento de lo individual, una respuesta ciega a lo que sería la mente colectiva - en Sturgeon, el problema que aparece es ético, ya que este "individuo colectivo" carece de ética, algo que se resuelve hacia el final.
En esa época Asimov publicaba lo que en principio fue la trilogía de las Fundaciones (ahora "heptalogía"), donde el psicohistoriador Seldon predice la evolución a gran escala en base a leyes matemáticas (descubiertas por él) que describen el comportamiento de las masas.
Sumando el moderno concepto de globalización, resulta obvio pasar entonces a un concepto de mente colectiva que ya no sería como la de Sturgeon, basada en un pequeño grupo con habilidades especiales: esta vez imaginamos un enorme conjunto de "células" que abandonan su individualidad para asumir un comportamiento orgánico en el que lo individual es funcional a lo colectivo, y lo determina, pero ya no en forma consciente. Algo así como la hinchada en un estadio de fútbol, o como un enjambre de insectos en los que el comportamiento individual es caótico pero el grupo tiene una dirección media bien definida.
Este "organismo" es ahora global, ya que dispone del medio que supone la red para interconectarse, pero no único: lo que une a cada ser colectivo es una ética común, y el mundo físico no es determinante. Así, podemos postular la aparición de este nuevo ser "más que humano" con intereses propios y una conciencia colectiva que recién está en su infancia.
Los mecanismos de intercambio con el medio (como twitter ahora, por ejemplo) son los que permiten a estas consciencias existir, e influir y ser influidas por otras similares. En esta infancia de lo colectivo el comportamiento es en general errático, caprichoso y sin consciencia de ser; sin embargo, aparecen cada tanto acciones colectivas que van dando una idea de poder que explotará en la adolescencia. El ser colectivo usará su poder para romper los límites y probarse a sí mismo; el grave problema será entonces la falta de modelos, de un espejo en que mirarse. Será una adolescencia difícil.
Cuestiones importantes quedan por analizar: ¿cuál será, si la hay, la moral colectiva unificadora? ¿cuál la super-ética común? ¿en cuánto estarán condicionadas por las estructuras físicas y sociológicas existentes, como los gobiernos y las culturas?
Estas ideas no son nuevas, ya que las instituciones, por ejemplo, se comportan de manera similar; sin embargo, en esos casos hay algunas cosas más claras, como el reconocimiento de objetivos comunes, la ética institucional, y un mecanismo de dirección formal. Yo creo que las diferencias más importantes pasarán por estos temas: los objetivos, por ejemplo, ya no serán necesariamente conscientes, los líderes (si los hay) serán espontáneos y fugaces.
Paradójicamente, esta asimilación del individuo a la red parece darle más poder (o influencia), pero eso es sólo en la medida en que sea funcional a la ética global. Es decir, un poder aparente: no hay uno que guíe, simplemente vamos todos para el mismo lado.
¿Cuál será la inteligencia en ese nuevo ser colectivo? ¿Quién dominará los sentimientos?
Releyendo esto que escribí hace ya bastante tiempo, lo asocio a un texto de Casciari que leí hace unos días, en el que critica a la industria editorial porque mira al mundo con una mente antigua, y el mundo cambió. Creo que todavía hay muchas reacciones a estos cambios, pero también (como Casciari) creo que son inevitables.
En "Más que humano" (1953), Sturgeon cuenta una historia en la que seis personas especiales tienen extrañas habilidades y colaboran para comportarse como un único ser, evolucionando para llegar a lo que el autor llama un "homo gestalt", un nuevo paso en la evolución.
La idea siempre me atrajo: un nuevo escalón evolutivo que pasa de la conciencia individual a una especie de super-conciencia más poderosa y grupal, que requiere un absoluto desprendimiento de lo individual, una respuesta ciega a lo que sería la mente colectiva - en Sturgeon, el problema que aparece es ético, ya que este "individuo colectivo" carece de ética, algo que se resuelve hacia el final.
En esa época Asimov publicaba lo que en principio fue la trilogía de las Fundaciones (ahora "heptalogía"), donde el psicohistoriador Seldon predice la evolución a gran escala en base a leyes matemáticas (descubiertas por él) que describen el comportamiento de las masas.
Sumando el moderno concepto de globalización, resulta obvio pasar entonces a un concepto de mente colectiva que ya no sería como la de Sturgeon, basada en un pequeño grupo con habilidades especiales: esta vez imaginamos un enorme conjunto de "células" que abandonan su individualidad para asumir un comportamiento orgánico en el que lo individual es funcional a lo colectivo, y lo determina, pero ya no en forma consciente. Algo así como la hinchada en un estadio de fútbol, o como un enjambre de insectos en los que el comportamiento individual es caótico pero el grupo tiene una dirección media bien definida.
Este "organismo" es ahora global, ya que dispone del medio que supone la red para interconectarse, pero no único: lo que une a cada ser colectivo es una ética común, y el mundo físico no es determinante. Así, podemos postular la aparición de este nuevo ser "más que humano" con intereses propios y una conciencia colectiva que recién está en su infancia.
Los mecanismos de intercambio con el medio (como twitter ahora, por ejemplo) son los que permiten a estas consciencias existir, e influir y ser influidas por otras similares. En esta infancia de lo colectivo el comportamiento es en general errático, caprichoso y sin consciencia de ser; sin embargo, aparecen cada tanto acciones colectivas que van dando una idea de poder que explotará en la adolescencia. El ser colectivo usará su poder para romper los límites y probarse a sí mismo; el grave problema será entonces la falta de modelos, de un espejo en que mirarse. Será una adolescencia difícil.
Cuestiones importantes quedan por analizar: ¿cuál será, si la hay, la moral colectiva unificadora? ¿cuál la super-ética común? ¿en cuánto estarán condicionadas por las estructuras físicas y sociológicas existentes, como los gobiernos y las culturas?
Estas ideas no son nuevas, ya que las instituciones, por ejemplo, se comportan de manera similar; sin embargo, en esos casos hay algunas cosas más claras, como el reconocimiento de objetivos comunes, la ética institucional, y un mecanismo de dirección formal. Yo creo que las diferencias más importantes pasarán por estos temas: los objetivos, por ejemplo, ya no serán necesariamente conscientes, los líderes (si los hay) serán espontáneos y fugaces.
Paradójicamente, esta asimilación del individuo a la red parece darle más poder (o influencia), pero eso es sólo en la medida en que sea funcional a la ética global. Es decir, un poder aparente: no hay uno que guíe, simplemente vamos todos para el mismo lado.
¿Cuál será la inteligencia en ese nuevo ser colectivo? ¿Quién dominará los sentimientos?
Releyendo esto que escribí hace ya bastante tiempo, lo asocio a un texto de Casciari que leí hace unos días, en el que critica a la industria editorial porque mira al mundo con una mente antigua, y el mundo cambió. Creo que todavía hay muchas reacciones a estos cambios, pero también (como Casciari) creo que son inevitables.
sábado, 25 de junio de 2011
Sistemántica, premios y castigos
[Publicado en FB el 25/6/11]
Mencioné hace poco la sistemántica, creo, el "arte-ciencia" fundado por John Gall (o al menos "organizado" por él). No me acuerdo si mencioné el axioma "los sistemas desarrollan sus propias metas", que significa que una vez que se crea un sistema (software, empresa, institución, lo que sea), éste desarrolla metas que no necesariamente (o debería decir nunca) son las metas para las cuales fue creado.
[Al margen, una de las metas principales de todo sistema es sobrevivir, es decir, permanecer; por eso es tan raro encontrar un sistema desmantelado: a veces convertidos o disfrazados, siguen ahí, no siempre silenciosos].
Por otro lado, en los cursos de management o de RRHH se menciona la importancia de los sistemas de premios y castigos, tanto en el control de la gestión como en la motivación para el cambio. Digamos que sin un sistema de premios y castigos todo se diluye, se subjetiviza, se relativiza.
Ahora bien, hoy he llegado a la conclusión de que no hay institución sin sistema de premios y castigos. Lo curioso del caso, o tal vez a esta altura obvio, es que cada organización desarrolla sistemas implícitos de premios y castigos orientados a sostener sus propias metas (las mencionadas en el primer párrafo).
Esto quiere decir que, cuando la dirección de una organización no define explícitamente un sistema de premios y castigos, termina premiando las acciones funcionales a las metas "ocultas", implícitas, de la organización.
Un ejemplo, burdo diría: quienes acceden a los cargos ejecutivos más altos en los partidos no suelen ser los más idóneos para los objetivos del cargo, sino los más funcionales a los objetivos del partido. Otro: en una institución dedicada a la salud, no se premia a quien cura más rápido al enfermo sino a quien invierte más en estudios de alta complejidad. Y así (aclarando: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, etc.)
En resumen, una vez más es el "horror al vacío" en la naturaleza (y por lo tanto en los sistemas). Lo que no hace quien debe hacerlo, el propio sistema lo hace, acorde a sus propios fines: ésos que no podemos prever, ni influir, ni eliminar.
Mencioné hace poco la sistemántica, creo, el "arte-ciencia" fundado por John Gall (o al menos "organizado" por él). No me acuerdo si mencioné el axioma "los sistemas desarrollan sus propias metas", que significa que una vez que se crea un sistema (software, empresa, institución, lo que sea), éste desarrolla metas que no necesariamente (o debería decir nunca) son las metas para las cuales fue creado.
[Al margen, una de las metas principales de todo sistema es sobrevivir, es decir, permanecer; por eso es tan raro encontrar un sistema desmantelado: a veces convertidos o disfrazados, siguen ahí, no siempre silenciosos].
Por otro lado, en los cursos de management o de RRHH se menciona la importancia de los sistemas de premios y castigos, tanto en el control de la gestión como en la motivación para el cambio. Digamos que sin un sistema de premios y castigos todo se diluye, se subjetiviza, se relativiza.
Ahora bien, hoy he llegado a la conclusión de que no hay institución sin sistema de premios y castigos. Lo curioso del caso, o tal vez a esta altura obvio, es que cada organización desarrolla sistemas implícitos de premios y castigos orientados a sostener sus propias metas (las mencionadas en el primer párrafo).
Esto quiere decir que, cuando la dirección de una organización no define explícitamente un sistema de premios y castigos, termina premiando las acciones funcionales a las metas "ocultas", implícitas, de la organización.
Un ejemplo, burdo diría: quienes acceden a los cargos ejecutivos más altos en los partidos no suelen ser los más idóneos para los objetivos del cargo, sino los más funcionales a los objetivos del partido. Otro: en una institución dedicada a la salud, no se premia a quien cura más rápido al enfermo sino a quien invierte más en estudios de alta complejidad. Y así (aclarando: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, etc.)
En resumen, una vez más es el "horror al vacío" en la naturaleza (y por lo tanto en los sistemas). Lo que no hace quien debe hacerlo, el propio sistema lo hace, acorde a sus propios fines: ésos que no podemos prever, ni influir, ni eliminar.
miércoles, 15 de junio de 2011
Marketing político (o las marcas contra las ideas)
Hace poco tiempo intercambiábamos opiniones sobre política en un almuerzo, y alguien dijo algo que me pareció revelador: en Argentina importan más las marcas que las ideas.
Doy más detalles: los partidos políticos grandes, en Argentina, no se arman alrededor de ideas, sino de "marcas". Perón, UCR, son sólo marcas, como Boca o River, y por eso en cada partido podemos encontrar todo el espectro ideológico. Porque lo que importa es la foto (o el escudo) en la boleta.
No quiero decir que en los partidos no haya quienes tienen un modelo de país, pero... ¿qué tiene que ver el de Menem con el de Kirchner, por ejemplo? El modelo de Perón es bastante claro, está en las 20 verdades, pero a ningún peronista parece interesarle mucho. Digamos como mínimo que los hechos no lo reflejan.
Hace no mucho, los políticos debatían ideas, hablaban de políticas. Todavía me acuerdo el libraco con la plataforma de Raúl Alfonsín. Hoy nadie se molestaría en escribirlo, porque nadie se molestaría en leerlo: no se debaten ideas, se hace marketing.
Por eso los kirchneristas necesitan a Cristina: porque no tienen a nadie más con tan buena imagen (estamos hablando en general). ¿Si tiene ideas? En lo que hace al resultado de las elecciones, no pesa. En la UCR se bajan candidatos sin presentar pelea: es claro que la imagen de Alfonsín los ha superado.
Notar que "Cristina" y "Néstor" son la "marca" del kirchnerismo, y no "Kirchner" (aunque Cristina se refiere a él por el apellido, lo que también tiene su efecto). Los que saben de marketing pueden explicar mucho sobre esto: la empatía que se produce (sobre todo en ciertos sectores sociales), por ejemplo. En cambio, Perón era y es Perón más que Juan Domingo.
Ricardo Alfonsín, en cambio, es "Alfonsín". Por eso aglutina al radicalismo esperanzado más que ningún otro candidato radical, y dudo que el radicalismo encuentre un candidato mejor (para los radicales, ya que para el resto la evocación puede ser contraproducente).
Estas consideraciones permiten pronosticar un triunfo casi seguro de Cristina sobre Ricardo, y una pelea más pareja entre Alfonsín y un kirchnerista cualquiera.
Finalmente: puse arriba "marcas contra ideas", porque es tan completo el triunfo de las marcas que las ideas no sólo pasan a segundo plano: desaparecen. Eso es terrible, porque significa que a nadie le importa, al momento de votar, qué modelo de país queremos o, algo mucho más concreto, qué esperamos del futuro cercano.
Nos hemos convertido en un pueblo sin esperanza.
Doy más detalles: los partidos políticos grandes, en Argentina, no se arman alrededor de ideas, sino de "marcas". Perón, UCR, son sólo marcas, como Boca o River, y por eso en cada partido podemos encontrar todo el espectro ideológico. Porque lo que importa es la foto (o el escudo) en la boleta.
No quiero decir que en los partidos no haya quienes tienen un modelo de país, pero... ¿qué tiene que ver el de Menem con el de Kirchner, por ejemplo? El modelo de Perón es bastante claro, está en las 20 verdades, pero a ningún peronista parece interesarle mucho. Digamos como mínimo que los hechos no lo reflejan.
Hace no mucho, los políticos debatían ideas, hablaban de políticas. Todavía me acuerdo el libraco con la plataforma de Raúl Alfonsín. Hoy nadie se molestaría en escribirlo, porque nadie se molestaría en leerlo: no se debaten ideas, se hace marketing.
Por eso los kirchneristas necesitan a Cristina: porque no tienen a nadie más con tan buena imagen (estamos hablando en general). ¿Si tiene ideas? En lo que hace al resultado de las elecciones, no pesa. En la UCR se bajan candidatos sin presentar pelea: es claro que la imagen de Alfonsín los ha superado.
Notar que "Cristina" y "Néstor" son la "marca" del kirchnerismo, y no "Kirchner" (aunque Cristina se refiere a él por el apellido, lo que también tiene su efecto). Los que saben de marketing pueden explicar mucho sobre esto: la empatía que se produce (sobre todo en ciertos sectores sociales), por ejemplo. En cambio, Perón era y es Perón más que Juan Domingo.
Ricardo Alfonsín, en cambio, es "Alfonsín". Por eso aglutina al radicalismo esperanzado más que ningún otro candidato radical, y dudo que el radicalismo encuentre un candidato mejor (para los radicales, ya que para el resto la evocación puede ser contraproducente).
Estas consideraciones permiten pronosticar un triunfo casi seguro de Cristina sobre Ricardo, y una pelea más pareja entre Alfonsín y un kirchnerista cualquiera.
Finalmente: puse arriba "marcas contra ideas", porque es tan completo el triunfo de las marcas que las ideas no sólo pasan a segundo plano: desaparecen. Eso es terrible, porque significa que a nadie le importa, al momento de votar, qué modelo de país queremos o, algo mucho más concreto, qué esperamos del futuro cercano.
Nos hemos convertido en un pueblo sin esperanza.
viernes, 11 de marzo de 2011
Copypaste
Copy & Paste, o copiar y pegar, es una actividad bastante antigua: el arte del collage en papel, se cree, se originó en China hace más de dos mil años, más o menos cuando se inventó el papel.
El método actual, sin embargo, involucra una computadora, un mouse, un mínimo de habilidad con la mano... y un documento (o sitio web) de donde copiar, generalmente en forma indiscriminada.
El gran beneficio del C&P es la productividad. Se puede producir mucho con poco esfuerzo.
La gran desventaja es la calidad: como no hace falta utilizar ninguna neurona en el asunto, se mezclan burros y grandes profesores, Carneras y Sanmartines.
Dicen los que saben que un buen medio no publica ninguna noticia sin verificarla con dos fuentes. El prolífico avance del C&P en internet da por tierra con tal principio ético: podemos encontrar la misma burrada decenas de miles de veces (o millones, si está en inglés, porque las burradas en inglés se multiplican más rápido).
Sin embargo, esto no obsta para que internet sea una importante fuente de información. Sólo hay que ir un poco más allá, investigar, descartar fuentes duplicadas, mirar sitios serios, y cruzar con información conectada que nos permita estar un poquito más seguros (nunca 100%).
Con un poco de investigación, buenos fundamentos y algo de creatividad, se puede transformar la información en conocimiento.
Claro, lleva un poco más de tiempo y esfuerzo, cosas que no abundan en estos incios del siglo XXI.
El método actual, sin embargo, involucra una computadora, un mouse, un mínimo de habilidad con la mano... y un documento (o sitio web) de donde copiar, generalmente en forma indiscriminada.
El gran beneficio del C&P es la productividad. Se puede producir mucho con poco esfuerzo.
La gran desventaja es la calidad: como no hace falta utilizar ninguna neurona en el asunto, se mezclan burros y grandes profesores, Carneras y Sanmartines.
Dicen los que saben que un buen medio no publica ninguna noticia sin verificarla con dos fuentes. El prolífico avance del C&P en internet da por tierra con tal principio ético: podemos encontrar la misma burrada decenas de miles de veces (o millones, si está en inglés, porque las burradas en inglés se multiplican más rápido).
Sin embargo, esto no obsta para que internet sea una importante fuente de información. Sólo hay que ir un poco más allá, investigar, descartar fuentes duplicadas, mirar sitios serios, y cruzar con información conectada que nos permita estar un poquito más seguros (nunca 100%).
Con un poco de investigación, buenos fundamentos y algo de creatividad, se puede transformar la información en conocimiento.
Claro, lleva un poco más de tiempo y esfuerzo, cosas que no abundan en estos incios del siglo XXI.
jueves, 10 de marzo de 2011
Confusión carnavalesca
Uno, con un poco más de lectura encima, nota detalles que no siempre notaba, años ha, en lo que lee. En las notas de los diarios, de la "net"... y en los apuntes de los chicos.
Con este furor neoKristinista por el carnaval (como si el carnaval hubiera sido alguna vez de alguien), en las escuelas los chicos de 4° tiran nieve (porque parece que los otros son muy chicos) y los de 5° estudian la historia del carnaval, que parece que nos viene de los sumerios, los egipcios y los romanos.
Paso de los sumerios y los egipcios, porque no sé qué bailaban los sumerios y porque no sé qué tiene que ver el renacimiento de Apis, excepto que se festejaba. En cuanto a los romanos, los dichos apuntes y notas dicen que vienen de las fiestas de Baco (o Dionisios), las saturnales y las lupercales.
Acá tenemos un problema, porque se están confundiendo cosas muy distintas (excepto en que todas son fiestas).
Si vamos a lo característico del carnaval, a las lupercales les falta alegría y desenfreno, a menos que eso sean los sacrificios de perros y los luperci pegándole a la gente con tiras de cuero.
En cuanto a las saturnales, eran fiesta de alegría para la gente y los esclavos (que por ese entonces no eran muy gente), así que algo de carnaval tiene, con comidas y regalos, festejando el nuevo año solar. La fecha (25 de diciembre), el sol invicto, los regalos y la libertad (aunque un poco limitada) de los esclavos terminaron siendo "adoptadas" por la Iglesia, que eligió ese día y esos símbolos para la Navidad.
Lo que nos queda, el verdadero origen del carnaval, son las bacanales, las fiestas de Baco-Dionisios, borrachín y glotón, aunque se hace un poco difícil explicar para los menores qué eran las orgías. Es muy probable que el Rey Momo, tan popular en el carnaval sudamericano, sea una representación algo transformada de Baco.
Con este furor neoKristinista por el carnaval (como si el carnaval hubiera sido alguna vez de alguien), en las escuelas los chicos de 4° tiran nieve (porque parece que los otros son muy chicos) y los de 5° estudian la historia del carnaval, que parece que nos viene de los sumerios, los egipcios y los romanos.
Paso de los sumerios y los egipcios, porque no sé qué bailaban los sumerios y porque no sé qué tiene que ver el renacimiento de Apis, excepto que se festejaba. En cuanto a los romanos, los dichos apuntes y notas dicen que vienen de las fiestas de Baco (o Dionisios), las saturnales y las lupercales.
Acá tenemos un problema, porque se están confundiendo cosas muy distintas (excepto en que todas son fiestas).
Si vamos a lo característico del carnaval, a las lupercales les falta alegría y desenfreno, a menos que eso sean los sacrificios de perros y los luperci pegándole a la gente con tiras de cuero.
En cuanto a las saturnales, eran fiesta de alegría para la gente y los esclavos (que por ese entonces no eran muy gente), así que algo de carnaval tiene, con comidas y regalos, festejando el nuevo año solar. La fecha (25 de diciembre), el sol invicto, los regalos y la libertad (aunque un poco limitada) de los esclavos terminaron siendo "adoptadas" por la Iglesia, que eligió ese día y esos símbolos para la Navidad.
Lo que nos queda, el verdadero origen del carnaval, son las bacanales, las fiestas de Baco-Dionisios, borrachín y glotón, aunque se hace un poco difícil explicar para los menores qué eran las orgías. Es muy probable que el Rey Momo, tan popular en el carnaval sudamericano, sea una representación algo transformada de Baco.
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