jueves, 1 de abril de 2010

Reivindicación de las fobias

Daniel, un primo tercero o cuarto o uno de esos parientes al que, genéricamente, uno llama "primo", ya me había hecho notar las inconsistencias de las canciones infantiles: la farolera cuenta bien, pero dice que "todas las cuentas me salieron mal"; ni hablar de casarse en edad de abrir la puerta para ir a jugar, y el morbo de cantar chiribín chin chín ja ja ja cuando el pobre Mambrú o Marlborough se muere en la guerra. Y así.

Pero lo que me indigna últimamente (indignación barata, claro) es esa manía de poner en papel de simpáticos y hasta de héroes a bichos inmundos, poco higiénicos y hasta ponzoñosos. La lista es larga, pero siempre hay algún ratoncito simpático, alguna araña colaboradora o alguna pulga aventurera. En canciones y cuentos por igual, quizás con la excusa de canalizar fobias infantiles, se nos presentan ratones solidarios, sapos amigables y en cualquier momento una cucaracha hacendosa.

Gente, esos bichos son asquerosos, está bien mantenerlos a raya. Lo único bueno de las arañas es que se comen a otras alimañas, y eso está por verse porque en casa hay arañas Y mosquitos. Prefiero los gatos a los ratones, y los perros a los gatos, no me gustan los gusanitos excepto cuando se convierten en mariposas, y los últimos cuatro piojos que vi casi se comen a una de mis nenas. En cuanto a las hormigas, es mi limonero o ellas.

Así que basta, es hora de cambiar las tradiciones: quedémonos con bichos más simpáticos y menos peligrosos, como la tortuga, o suficientemente lejanos como el zorro, el oso y el león. Y salgamos a comprar Raid tan felices, sin temor de masacrar una hacendosa hormiguita o un simpático caracol.

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