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viernes, 24 de febrero de 2023

Otra mirada sobre Sturgeon


Hay que notar que abandoné (es la palabra) este blog hace 10 años, aunque algunas de estas notas pasaron a Facebook donde están perdidas por ahí (y en su momento tuvieron algo más de público). Así que como festejo de aniversario, quería retomar el tema de "Más que humano" (T. Sturgeon) que comenté en "La mente colectiva".

Y es que se me ocurrió un paralelo entre el homo gestalt del cuento/novela de Sturgeon y las IA (inteligencias artificiales) que están explotando en estos días, en particular ChatGPT de OpenAI. Así como el homo gestalt integra conocimientos, percepciones y habilidades de los individuos que lo forman, esta IA integra una cantidad impresionante de información documentada por muchísimas mentes humanas, y a partir de allí es capaz de elaborar respuestas coherentes a preguntas y afirmaciones. El resultado, en ambos casos, excede lo que cada una de sus partes puede realizar individualmente.

En estos días se han hecho muchos experimentos usando ChatGPT y otras herramientas de IA. La perspectiva de lo que podría llegar a suceder es todavía difusa, pero la combinación de herramientas comunicativas como ChatGPT y otras de interacción que se conocen como deep fake proponen posibilidades a la vez esperanzadoras y aterradoras sobre lo que podría ser el futuro de las relaciones entre los humanos y las máquinas (físicas o virtuales). Aquí también habría que incluir, por supuesto, a la robótica que siempre está en evolución. El androide de las películas está mucho más cerca de lo que imaginábamos hace solo un par de años.

En la nota de 2013 yo me hacía varias preguntas; una de ellas era cuál sería la inteligencia del ser colectivo. En Sturgeon la unión es esotérica, es decir, oculta a los sentidos (normales) y a la ciencia fáctica. Pero con el desarrollo de la biotecnología, cabe imaginar un futuro en el que los seres humanos incorporen "chips" integrados a sus sentidos, tal vez al encéfalo, y con seguridad conectados a la red global y a través de ella a los demás humanos. Algo muy parecido a la "mente enjambre" de los Borg en Star Trek. En esa sociedad, los Borg han sacrificado su individualidad a la colmena, su mente individual existe pero está oculta profundamente. Habrá que ver si a la humanidad le espera algo así, o si el individuo puede mantener su esencia (sea cual sea en ese futuro ya no tan lejano).

Una vez más, la ciencia ficción se anticipó (en estos días también se habla de la posibilidad de viajar "más rápido que la luz" deformando el espacio-tiempo con un "motor de deformación" o "motor warp" - sí, como en Star Trek).

Una verdad de la naturaleza es que el ser humano todo lo que puede hacer, lo hace. Si no hay humanos clonados (bueno, tal vez haya y no lo sepamos) es porque sería una tontería hacerlo: es mucho más fácil producir y mantener robots con IA que seres humanos que comen, cagan y piensan, son débiles y se destruyen fácilmente. La única razón para clonar seres humanos parece ser la de obtener órganos de reemplazo (para los casos en que no se pueden implantar órganos artificiales mejores).

Así que sí: todo futuro es posible, todo futuro es probable. La pregunta final es: "¿es necesario el ser humano para el universo?". Quienes creen que la evolución tiene un propósito dirán que sí, muchos dirán que no. Se lo pregunté a ChatGPT y dio una respuesta poco convincente:

Desde una perspectiva objetiva y científica, el universo no tiene una necesidad intrínseca de la existencia del ser humano. El universo existió y seguiría existiendo incluso si nunca hubiera evolucionado vida inteligente en la Tierra o en cualquier otro lugar.
Sin embargo, desde una perspectiva subjetiva y filosófica, algunas personas pueden argumentar que el ser humano es necesario para el universo en el sentido de que somos capaces de darle un significado y propósito. A través de la exploración, la ciencia, la cultura, el arte y la religión, los seres humanos han intentado comprender el universo y su lugar en él. Al hacerlo, hemos creado una gran cantidad de conocimiento, belleza y sentido de propósito.
Además, algunos pueden argumentar que el ser humano es necesario para proteger el universo y preservar su belleza y complejidad. Como seres conscientes, tenemos la capacidad de comprender la interconexión de todas las cosas y trabajar para proteger el medio ambiente y las especies que habitan en él.
En resumen, desde una perspectiva objetiva, el universo no necesita necesariamente al ser humano. Pero desde una perspectiva subjetiva, algunos argumentan que nuestra existencia tiene significado y propósito en el universo.

Al argumento del arte, la cultura y la exploración se puede preguntar si éstos tienen sentido sin seres humanos que los valoren. Al argumento de la conservación y protección del medio ambiente puede contra argumentarse que antes de la existencia del homo sapiens ya existía el mundo y la naturaleza, sin necesidad de que éste los proteja. En fin: irónicamente, aunque venga de una IA, la respuesta me parece muy antropocéntrica.

Quizás nuestra única posibilidad de subsistencia como especie sea convertirnos en cyborgs e integrarnos al metaverso. En última instancia, lo único importante no es cómo sea nuestra vida, sino que le encontremos un sentido que nos permita ser felices o, al menos, pasarla bien.

sábado, 19 de enero de 2013

Democracia, disenso y evolución

La democracia es la forma más perfecta de organización de las naciones... ¿Porque el gobierno es ejercido por el pueblo? ¿Porque el gobierno representa a las mayorías? ¿Porque todos somos iguales ante la ley? ¿Porque todos podemos participar?

La respuesta a todas estas preguntas es NO. La razón es mucho más simple: es la forma de organización que más lugar da al disenso; la que más respeta a las minorías.

Y es que el disenso es esencial a la democracia, al punto que cuando se silencia al que piensa distinto, la democracia degenera en autoritarismo y pierde su razón de ser.
La razón de esto es muy profunda, y tiene que ver con la evolución de las naciones, su crecimiento y desarrollo a largo plazo.

Hace ya unas cuantas décadas, Von Bertalanffy enunciaba la Teoría General de los Sistemas, explicando que todos los sistemas complejos - sean biológicos, mecánicos, sociales, o de cualquier otro tipo - comparten algunas leyes comunes por el hecho de serlo. Es decir, ciertas leyes que valen para los seres vivos (sistemas complejos de células y órganos) son equivalentes a leyes que tienen la misma forma y se aplican a otros sistemas como instituciones o naciones.
Así, podemos analizar cómo se comportan determinados aspectos de un sistema conocido (por ejemplo, uno biológico) y extenderlo a otro sistema, una vez comprendidas las correspondencias entre ambos.
Esto que en principio parece complejo nos permite entender y hasta pronosticar el comportamiento de un sistema complejo basándonos en otro conocido.

Una de las características de los sistemas biológicos es la evolución. La mayoría de las especies que existieron sobre la tierra se ha extinguido a lo largo de las eras; para sobrevivir en este mundo cambiante, las especies deben adaptarse, evolucionar. Y en esto, la diversidad genética juega un papel fundamental.

Hay dos mecanismos básicos en la evolución: la selección natural (que favorece a los genes que mejoran la capacidad de supervivencia y reproducción) y la deriva genética (variaciones en la frecuencia relativa de los alelos de una generación a otra).
Esto último significa que, habiendo diferencias entre los genes de los individuos de una especie, las distintas combinaciones genéticas producen seres con características más o menos diferentes y, entre éstos, los más exitosos son a la larga preponderantes. Esto hace que las especies con mayor diversidad genética se adapten más fácilmente a un entorno cambiante (también juegan su papel la tasa de reproducción o la vida media, pero la diversidad es esencial).
Esa variabilidad genética se produce fundamentalmente por cruzamiento (reproducción sexual, hibridación o transferencia horizontal) o por mutaciones (errores de replicación o influencia externa, como radiación).

¿Cómo funciona esto en el caso de las naciones?

Las naciones buscan el cambio de dos maneras: por evolución (diversidad) o por revolución (uniformidad - las revoluciones generalmente no cambian más que la forma, cuando pretenden que todos compartan la misma ideología).

Así como las especies necesitan evolucionar para sobrevivir a los cambios externos, lo mismo pasa con las naciones (e, incluso, con las culturas y las ideologías). Decía Jefferson: "Las leyes y las instituciones deben ir mano a mano con el progreso de la mente humana. [...] Las instituciones deben avanzar para seguir el ritmo de los tiempos". Y estos cambios, que en la biología provienen de la diversidad genética, en política provienen de la diversidad ideológica (con la cual está profundamente enlazada también la diversidad cultural).

Como en biología, hay varios mecanismos de introducción de cambios: mutaciones, "cruzamientos" con otras culturas e ideologías, distorsiones por influencia de la comunicación y/o el contexto... La adaptación, la evolución, dependen en lo profundo de que las diferencias puedan ser escuchadas, debatidas, y así refutadas o aceptadas y utilizadas para construir sobre ellas.

Del mismo modo en que una persona no crece intelectualmente si de los mecanismos de asimilación y acomodación se queda sólo con el primero (es decir, interpreta todo de acuerdo a su esquema interno y se niega a adaptarse a la realidad), las naciones no pueden evolucionar si no son capaces de integrar puntos de vista diferentes y recrearse continuamente.

Los autoritarismos (como la mayoría de las tiranías, los imperialismos y los totalitarismos) se caracterizan por imponer una única voz. La democracia es una institución que necesita muchas voces, pero las ideologías tienden al autoritarismo, ya que es la ideología dominante la que define en su discurso cuál es el "bien" y cuál es el "mal" (que también se definen culturalmente, reflejados en mitos y tabúes, pero posiblemente éstos también se han originado en el discurso ideológico de clases dominantes del pasado). Más aún: para algunos "una ideología tiene por objetivo único la conquista del poder social, el control y dominio en el proceso de evolución del espíritu humano" (Majfud).

En resumen, para asegurar la evolución es necesario que haya (y se respeten) mecanismos para el disenso: diversidad de partidos y gremios, prensa independiente, organismos de control no gubernamentales, y cualquier otro que se les ocurra.

Escuchar a las minorías, defenderlas del autoritarismo de las mayorías, debería ser un tema central en un gobierno democrático. Lamentablemente, el encanto del poder, los "diarios de Irigoyen", el enceguecimiento ideológico, la estrechez de ideas, la cola de paja, el prejuicio y el orgullo, conspiran contra el futuro.

Alguno podrá decir: "las naciones no se extinguen". Históricamente, los autoritarismos terminaron mal, ya que llevan en sí el germen de su propia destrucción. La pregunta no es cómo van a terminar, sino dentro de cuánto tiempo. La única ventaja de la falta de diversidad ideológica es que siempre se está a tiempo de cambiar.

martes, 8 de enero de 2013

De educadores, evaluaciones y educaciones

[Publicado en FB el 19/8/2012]

"Yo creo que se podría aprender sin tener que odiar lo que estudiamos" (Frato)

Entre las eternas e inmutables leyes naturales de los Sistemas, John Gall ("Systemantics") lista la siguiente: "Ni bien surgen a la vida, los Sistemas desarrollan sus propias metas ". En otras palabras, no importa el objetivo con el que un sistema es creado, éste elige y persigue objetivos propios que tienen que ver con su supervivencia, y poco en general con los deseos de quienes los imaginaron.

El sistema educativo, como cualquier otro, refleja estos principios. Y no tiene más remedio que ceñirse a las generales de la Ley. Así, uno conoce docentes cuyo objetivo principal pareciera ser que los alumnos completen el cuaderno de ejercitación anual, y otros para quienes es difícl creer haya algo más importante que la respuesta correcta a una docena de preguntas, cuatro veces por año.

Que alguien aprenda, en todo el amplio sentido de la palabra, parece haberse convertido en una cosa circunstancial y tal vez hasta inconveniente por el esfuerzo que conlleva. Todavía hay docentes que creen que el evaluado es el alumno, y que una evaluación es una prueba a superar. Ellos son los que usan los exámenes no como herramienta para guiar la enseñanza, sino como un fin (es notable la mejora, en este sentido, del Reglamento General de Escuelas, que en 2011 ya no asocia "evaluar" sólo a "juzgar el conocimiento del alumno": se evalúan las prácticas de enseñanza, la evaluación sirve como "input" para el diseño y rediseño de las estrategias didácticas).

Es que el resultado de una evaluación nos dice tanto o más del docente que del alumno: qué capacidad tuvo para llegar a ellos, para hacerlos parte del proceso educativo, para despertar su interés por conocer, por comprender y por hacer. Si fue capaz de entender la educación como un servicio centrado en el alumno, y no como un trabajo centrado en el profesor.

El estudio debería ser una elección, no una obligación. Aprender debería ser un placer, no un martirio. ¿Por qué ir a la escuela? Para el que estudia, es una herramienta de competitividad. En un mundo donde el trabajo escasea, hay que tener certificados para ganárselo a otro. La escuela moderna es un invento del Estado para "uni-formar" a la población, es decir, para formarla a medida de su necesidad, la de la era industrial.

Como nos mostraron Tonucci y Toffler hace ya años (reflejado después por The Wall), la escuela moderna es un modelo de la fábrica, y prepara a las masas para para producir, cumplir, obedecer. En la fábrica del pasado, la creatividad era un riesgo que debía controlarse. Los futuros dirigentes, en cambio, van a escuelas de elite, en las que aprenden los secretos del negocio y del mando.

Sir Ken Robinson nos enseña, desde hace unos años, que esa escuela-fábrica, con gente clasificada por edades y por materias, cumpliendo horarios y programa, mata la creatividad en esta sociedad post industrial donde el valor no está en la uniformidad sino en saber ser diferente, en atreverse a ser quien se es, y lograrlo.

La escuela moderna está en una etapa de profunda transformación, más profunda que la distinción entre conductismo y constructivismo. El desafío es plantear una nueva didáctica que permita a cada uno descubrir lo valioso dentro de sí, y darle las herramientas para que con eso llegue a hacer algo con eso para él y para los demás. Todo esto sin dejar de dar a todos elementos básicos, comunes y necesarios para desenvolverse en el mundo real, para poder relacionarse con los otros en nivel de igualdad.

Y eso no significa obligar a adquirir conocimientos coyunturales que no a todos interesan y a pocos agregan (pero sí a quienes los buscan): se trata de dar herramientas para vivir, para entender el mundo, para hacer y para crecer en la medida de la potencialidad de cada uno.

La mente colectiva

[Publicado en FB el 12/4/2012]

En "Más que humano" (1953), Sturgeon cuenta una historia en la que seis personas especiales tienen extrañas habilidades y colaboran para comportarse como un único ser, evolucionando para llegar a lo que el autor llama un "homo gestalt", un nuevo paso en la evolución.

La idea siempre me atrajo: un nuevo escalón evolutivo que pasa de la conciencia individual a una especie de super-conciencia más poderosa y grupal, que requiere un absoluto desprendimiento de lo individual, una respuesta ciega a lo que sería la mente colectiva - en Sturgeon, el problema que aparece es ético, ya que este "individuo colectivo" carece de ética, algo que se resuelve hacia el final.

En esa época Asimov publicaba lo que en principio fue la trilogía de las Fundaciones (ahora "heptalogía"), donde el psicohistoriador Seldon predice la evolución a gran escala en base a leyes matemáticas (descubiertas por él) que describen el comportamiento de las masas.

Sumando el moderno concepto de globalización, resulta obvio pasar entonces a un concepto de mente colectiva que ya no sería como la de Sturgeon, basada en un pequeño grupo con habilidades especiales: esta vez imaginamos un enorme conjunto de "células" que abandonan su individualidad para asumir un comportamiento orgánico en el que lo individual es funcional a lo colectivo, y lo determina, pero ya no en forma consciente. Algo así como la hinchada en un estadio de fútbol, o como un enjambre de insectos en los que el comportamiento individual es caótico pero el grupo tiene una dirección media bien definida.

Este "organismo" es ahora global, ya que dispone del medio que supone la red para interconectarse, pero no único: lo que une a cada ser colectivo es una ética común, y el mundo físico no es determinante. Así, podemos postular la aparición de este nuevo ser "más que humano" con intereses propios y una conciencia colectiva que recién está en su infancia.

Los mecanismos de intercambio con el medio (como twitter ahora, por ejemplo) son los que permiten a estas consciencias existir, e influir y ser influidas por otras similares. En esta infancia de lo colectivo el comportamiento es en general errático, caprichoso y sin consciencia de ser; sin embargo, aparecen cada tanto acciones colectivas que van dando una idea de poder que explotará en la adolescencia. El ser colectivo usará su poder para romper los límites y probarse a sí mismo; el grave problema será entonces la falta de modelos, de un espejo en que mirarse. Será una adolescencia difícil.

Cuestiones importantes quedan por analizar: ¿cuál será, si la hay, la moral colectiva unificadora? ¿cuál la super-ética común? ¿en cuánto estarán condicionadas por las estructuras físicas y sociológicas existentes, como los gobiernos y las culturas?

Estas ideas no son nuevas, ya que las instituciones, por ejemplo, se comportan de manera similar; sin embargo, en esos casos hay algunas cosas más claras, como el reconocimiento de objetivos comunes, la ética institucional, y un mecanismo de dirección formal. Yo creo que las diferencias más importantes pasarán por estos temas: los objetivos, por ejemplo, ya no serán necesariamente conscientes, los líderes (si los hay) serán espontáneos y fugaces.

Paradójicamente, esta asimilación del individuo a la red parece darle más poder (o influencia), pero eso es sólo en la medida en que sea funcional a la ética global. Es decir, un poder aparente: no hay uno que guíe, simplemente vamos todos para el mismo lado.

¿Cuál será la inteligencia en ese nuevo ser colectivo? ¿Quién dominará los sentimientos?

Releyendo esto que escribí hace ya bastante tiempo, lo asocio a un texto de Casciari que leí hace unos días, en el que critica a la industria editorial porque mira al mundo con una mente antigua, y el mundo cambió. Creo que todavía hay muchas reacciones a estos cambios, pero también (como Casciari) creo que son inevitables.

sábado, 25 de junio de 2011

Sistemántica, premios y castigos

[Publicado en FB el 25/6/11]

Mencioné hace poco la sistemántica, creo, el "arte-ciencia" fundado por John Gall (o al menos "organizado" por él). No me acuerdo si mencioné el axioma "los sistemas desarrollan sus propias metas", que significa que una vez que se crea un sistema (software, empresa, institución, lo que sea), éste desarrolla metas que no necesariamente (o debería decir nunca) son las metas para las cuales fue creado.

[Al margen, una de las metas principales de todo sistema es sobrevivir, es decir, permanecer; por eso es tan raro encontrar un sistema desmantelado: a veces convertidos o disfrazados, siguen ahí, no siempre silenciosos].

Por otro lado, en los cursos de management o de RRHH se menciona la importancia de los sistemas de premios y castigos, tanto en el control de la gestión como en la motivación para el cambio. Digamos que sin un sistema de premios y castigos todo se diluye, se subjetiviza, se relativiza.

Ahora bien, hoy he llegado a la conclusión de que no hay institución sin sistema de premios y castigos. Lo curioso del caso, o tal vez a esta altura obvio, es que cada organización desarrolla sistemas implícitos de premios y castigos orientados a sostener sus propias metas (las mencionadas en el primer párrafo).

Esto quiere decir que, cuando la dirección de una organización no define explícitamente un sistema de premios y castigos, termina premiando las acciones funcionales a las metas "ocultas", implícitas, de la organización.

Un ejemplo, burdo diría: quienes acceden a los cargos ejecutivos más altos en los partidos no suelen ser los más idóneos para los objetivos del cargo, sino los más funcionales a los objetivos del partido. Otro: en una institución dedicada a la salud, no se premia a quien cura más rápido al enfermo sino a quien invierte más en estudios de alta complejidad. Y así (aclarando: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, etc.)

En resumen, una vez más es el "horror al vacío" en la naturaleza (y por lo tanto en los sistemas). Lo que no hace quien debe hacerlo, el propio sistema lo hace, acorde a sus propios fines: ésos que no podemos prever, ni influir, ni eliminar.

miércoles, 15 de junio de 2011

Marketing político (o las marcas contra las ideas)

Hace poco tiempo intercambiábamos opiniones sobre política en un almuerzo, y alguien dijo algo que me pareció revelador: en Argentina importan más las marcas que las ideas.

Doy más detalles: los partidos políticos grandes, en Argentina, no se arman alrededor de ideas, sino de "marcas". Perón, UCR, son sólo marcas, como Boca o River, y por eso en cada partido podemos encontrar todo el espectro ideológico. Porque lo que importa es la foto (o el escudo) en la boleta.

No quiero decir que en los partidos no haya quienes tienen un modelo de país, pero... ¿qué tiene que ver el de Menem con el de Kirchner, por ejemplo? El modelo de Perón es bastante claro, está en las 20 verdades, pero a ningún peronista parece interesarle mucho. Digamos como mínimo que los hechos no lo reflejan.

Hace no mucho, los políticos debatían ideas, hablaban de políticas. Todavía me acuerdo el libraco con la plataforma de Raúl Alfonsín. Hoy nadie se molestaría en escribirlo, porque nadie se molestaría en leerlo: no se debaten ideas, se hace marketing.
Por eso los kirchneristas necesitan a Cristina: porque no tienen a nadie más con tan buena imagen (estamos hablando en general). ¿Si tiene ideas? En lo que hace al resultado de las elecciones, no pesa. En la UCR se bajan candidatos sin presentar pelea: es claro que la imagen de Alfonsín los ha superado.

Notar que "Cristina" y "Néstor" son la "marca" del kirchnerismo, y no "Kirchner" (aunque Cristina se refiere a él por el apellido, lo que también tiene su efecto). Los que saben de marketing pueden explicar mucho sobre esto: la empatía que se produce (sobre todo en ciertos sectores sociales), por ejemplo. En cambio, Perón era y es Perón más que Juan Domingo.
Ricardo Alfonsín, en cambio, es "Alfonsín". Por eso aglutina al radicalismo esperanzado más que ningún otro candidato radical, y dudo que el radicalismo encuentre un candidato mejor (para los radicales, ya que para el resto la evocación puede ser contraproducente).
Estas consideraciones permiten pronosticar un triunfo casi seguro de Cristina sobre Ricardo, y una pelea más pareja entre Alfonsín y un kirchnerista cualquiera.

Finalmente: puse arriba "marcas contra ideas", porque es tan completo el triunfo de las marcas que las ideas no sólo pasan a segundo plano: desaparecen. Eso es terrible, porque significa que a nadie le importa, al momento de votar, qué modelo de país queremos o, algo mucho más concreto, qué esperamos del futuro cercano.
Nos hemos convertido en un pueblo sin esperanza.

viernes, 11 de marzo de 2011

Copypaste

Copy & Paste, o copiar y pegar, es una actividad bastante antigua: el arte del collage en papel, se cree, se originó en China hace más de dos mil años, más o menos cuando se inventó el papel.
El método actual, sin embargo, involucra una computadora, un mouse, un mínimo de habilidad con la mano... y un documento (o sitio web) de donde copiar, generalmente en forma indiscriminada.
El gran beneficio del C&P es la productividad. Se puede producir mucho con poco esfuerzo.
La gran desventaja es la calidad: como no hace falta utilizar ninguna neurona en el asunto, se mezclan burros y grandes profesores, Carneras y Sanmartines.
Dicen los que saben que un buen medio no publica ninguna noticia sin verificarla con dos fuentes. El prolífico avance del C&P en internet da por tierra con tal principio ético: podemos encontrar la misma burrada decenas de miles de veces (o millones, si está en inglés, porque las burradas en inglés se multiplican más rápido).
Sin embargo, esto no obsta para que internet sea una importante fuente de información. Sólo hay que ir un poco más allá, investigar, descartar fuentes duplicadas, mirar sitios serios, y cruzar con información conectada que nos permita estar un poquito más seguros (nunca 100%).
Con un poco de investigación, buenos fundamentos y algo de creatividad, se puede transformar la información en conocimiento.
Claro, lleva un poco más de tiempo y esfuerzo, cosas que no abundan en estos incios del siglo XXI.

jueves, 10 de marzo de 2011

Confusión carnavalesca

Uno, con un poco más de lectura encima, nota detalles que no siempre notaba, años ha, en lo que lee. En las notas de los diarios, de la "net"... y en los apuntes de los chicos.
Con este furor neoKristinista por el carnaval (como si el carnaval hubiera sido alguna vez de alguien), en las escuelas los chicos de 4° tiran nieve (porque parece que los otros son muy chicos) y los de 5° estudian la historia del carnaval, que parece que nos viene de los sumerios, los egipcios y los romanos.
Paso de los sumerios y los egipcios, porque no sé qué bailaban los sumerios y porque no sé qué tiene que ver el renacimiento de Apis, excepto que se festejaba. En cuanto a los romanos, los dichos apuntes y notas dicen que vienen de las fiestas de Baco (o Dionisios), las saturnales y las lupercales.
Acá tenemos un problema, porque se están confundiendo cosas muy distintas (excepto en que todas son fiestas).
Si vamos a lo característico del carnaval, a las lupercales les falta alegría y desenfreno, a menos que eso sean los sacrificios de perros y los luperci pegándole a la gente con tiras de cuero.
En cuanto a las saturnales, eran fiesta de alegría para la gente y los esclavos (que por ese entonces no eran muy gente), así que algo de carnaval tiene, con comidas y regalos, festejando el nuevo año solar. La fecha (25 de diciembre), el sol invicto, los regalos y la libertad (aunque un poco limitada) de los esclavos terminaron siendo "adoptadas" por la Iglesia, que eligió ese día y esos símbolos para la Navidad.
Lo que nos queda, el verdadero origen del carnaval, son las bacanales, las fiestas de Baco-Dionisios, borrachín y glotón, aunque se hace un poco difícil explicar para los menores qué eran las orgías. Es muy probable que el Rey Momo, tan popular en el carnaval sudamericano, sea una representación algo transformada de Baco.

viernes, 28 de agosto de 2009

Tres cosas tiene la vida

Hay tres cosas importantes que es necesario aprender desde chico: a elegir, a decidir y a hacer. Y sólo se aprenden practicando.

Eso implica un montón de cosas, por ejemplo aprender a usar criterios, aprender a tener en cuenta los propios sentimientos, necesidades y deseos, aprender a dejar algo que nos gusta, aprender que nada es gratis, aprender a aceptar las consecuencias de las decisiones, aprender el valor de las cosas y el valor del esfuerzo, y, como dice un amigo, aprender que podemos lograr cualquier cosa.

Por eso es triste cuando alguien tiene todo y cuando alguien no tiene nada; cuando no tiene opción, cuando los demás eligen por él. Cuando alguien no sabe lo que quiere, o deja todo para después. Y, lo peor, cuando no hace lo que desea, lo que piensa, lo que dice; cuando no se esfuerza por lograrlo.

Por eso, pero sobre todo porque son habilidades imprescindibles para ser exitoso en cualquier cosa que uno haga, en suma, porque son las habilidades que nos permiten cumplir nuestros sueños, tenemos la necesidad y la obligación de entrenar a nuestros hijos en ellas.

domingo, 23 de agosto de 2009

Los 7 sentidos

Es bastante emocionante descubrir a los 40 y tantos que uno ha vivido equivocado. Un descubrimiento.
En estos días me enteré que los seres humanos tenemos, no cinco, sino siete sentidos. A los reconocidos del tacto, la vista, el oído, el gusto y el olfato se suman el vestibular (la sensación de la propia ubicación en el espacio, percibida gracias a los conductos semicirculares en los oídos) y el propioceptivo (la autopercepción de la ubicación y el movimiento de las articulaciones, una especie de realimentación interna del sistema motor).
Por el sistema vestibular somos capaces de saber dónde están "arriba" y "abajo" aún flotando en el mar con los ojos vendados.
Por el propioceptivo, somos capaces de acertar un anillo en el dedo correcto al primer intento con las manos en la espalda.
Esto está bueno. Tal vez haya otros sentidos, relacionados con la realimentación de otros sistemas distintos del motor (o quizás sean parte también del propioceptivo). En un primer intento, no se me ocurre ninguno ya que todo lo que el ser humano hace sobre el mundo externo requiere participación del sistema motor.
Claro, a menos que creamos en la telekinesis, la transmisión del pensamiento, y ese tipo de cosas.

sábado, 23 de mayo de 2009

Ciencia y fe

Acabo de mencionar a la ciencia y a la fe. Quiero aclarar un malentendido común.

Dicen que la religión no acepta la explicación científica de la realidad, y dicen también que la ciencia niega la existencia de Dios. Esto es cierto de algunos religiosos y de algunos científicos, pero decirlo de esta manera es generalizar sin demasiado análisis.

La ciencia no puede negar la existencia de Dios, porque Dios no es objeto de la ciencia. Es decir, todo aquello que no pueda conocerse objetivamente, sobre lo que no se pueda aplicar el método científico, es inexplicable para la ciencia y por lo tanto está fuera de su ámbito. Es muy pretencioso que un científico diga que algo, porque está fuera del conocimiento alcanzable por la ciencia, "no existe": eso se llama fanatismo, y ya di las razones de su existencia en mi entrada anterior.

Lo que la ciencia trata de demostrar es que Dios no es necesario para entender la realidad. El motivo está en el mito central de la ciencia: que la verdad puede ser conocida por el único esfuerzo de razón.

El problema es que al negar la necesidad de Dios, se niega el futuro del hombre; porque el hombre no es, para los que creemos, sólo materia. Porque, aún para los que no creen, la única posibilidad de trascendencia está fuera de lo material (lo material será nada más que partículas en el cosmos un día).

El hombre sin Dios puede ser egoísta sin escandalizarse; si la necesidad de trascendencia no forma parte de su sistema de valores, puede ser tranquilamente amoral. Lo mismo para la especie que para el individuo, sin necesidad de trascendencia no importan los actos, no importa el futuro. Este es el fatalismo del ateo fanático; los demás reconocerán, al menos, la existencia del instinto de supervivencia de la especie, presente hasta en los animales.

Si el hombre no pasa su vida sumido en una crisis existencial es porque sabe que puede trascender, porque es algo más que partículas de polvo cósmico. Por eso escribe un libro, planta un árbol o tiene un hijo; actos que lo superan y que lo trascienden.

Así como un hombre sin Dios es un hombre sin futuro, una sociedad sin Dios es una sociedad sin futuro; como también lo sería una sociedad sin ciencia.

Una sociedad sin ciencia no podría encontrar las herramientas tecnológicas para la supervivencia de la raza humana en un planeta demasiado pequeño y con recursos escasos para un ser que todo lo consume, que todo lo usa.

Una sociedad sin Dios no puede encontrar las herramientas espirituales para la supervivencia del hombre como ser moral, diferente de los animales, con conciencia de sí, de su especie y del universo.

La ciencia sirve porque sirve al hombre; el hombre sirve porque sirve a la especie y, más concretamente, porque sirve a Dios.

Mitos (y revalorización del rito)

Las definiciones de "mito" en el diccionario no me dejan conforme. Alguna acepción dice que es algo falso que condensa una verdad, otra que es algo verdadero adornado con falsedades. Yo creo que en un mito no importa mucho cuánto es verdad y cuánto no, incluso mitos hay que no sabemos si son (o no) ciertos, y otros que sabemos (a ciencia cierta) que son mentira. Pero los mitos son, en cierto sentido, siempre verdad; cada cultura acepta sus mitos como verdades aunque otras los nieguen o aunque, en la propia cultura, se dude de ellos.

Lo cierto es que los mitos son aceptados y utilizados funcionalmente para explicar conductas culturales, en un sentido amplio de la palabra. Esto es así porque los mitos sostienen los valores (buenos y malos) de las culturas.
Toda cultura tiene (necesita) mitos para explicarse, para identificarse y para sostener sus valores y antivalores. Las culturas, además, incorporan visiones míticas sobre otras culturas, pero en este caso la función es más bien defensiva.

La transculturización empieza y se fortalece con la transferencia de mitos y de ritos; cuando una cultura conquista a otra lo primero que hacer es destruir o resignificar sus ritos y sus mitos. Hay muchos ejemplos históricos de esto, siendo la conquista de América uno de ellos pero no el único.

Incluso la ciencia, tan fría ella, tiene sus "mitos".
El "mito" central de la ciencia es que es posible conocer la verdad con el sólo auxilio de la razón; sin ese mito no puede hacerse ciencia, y todo aquello que por su esencia tenga elementos de "ocultismo" (es decir, cosas que nunca podrán ser conocidas) provoca en el científico sentimientos de rechazo, aún cuando no sea objeto de la ciencia. Es por eso que hay científicos fanáticos, que buscan excusas para denostar a las religiones y creencias: no porque éstas sean malas, sino porque amenazan su mito fundamental al declarar que hay cosas que no pueden conocerse.

Las religiones se centran en "mitos" que dan sentido a la vida.
El "mito" central del cristianismo lo explica San Pablo: "Si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra Fe". Más adelante agrega: "Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos que mañana moriremos" (o, como luego dirá Juan del Encina, "mañana ayunaremos"). La resurrección, y la vida después de la muerte, son míticas para el hombre porque no pueden ser explicadas por la razón; por eso mismo, son cuestión de Fe.

Es imposible sostener una moral sin un sistema de valores. En una época en que se destruyen mitos todos los días, en que todo se relativiza (los mitos son absolutos culturales), no es raro que la moral se deteriore, que sea "lo mismo un burro que un gran profesor", que se comercie con el ser humano, que la vida no tenga valor.

Los ritos son expresión de los mitos, y los sostienen al revivirlos una y otra vez. Adoptando los ritos de otros, nustra cultura se debilita; vamos perdiendo la identidad para ser como aquellos a los que imitamos. Destruyendo nuestros ritos, vaciamos nuestra cultura; dejamos de tener identidad.

Recuperemos nuestros mitos, reinstalemos nuestros ritos, y ése será el principio de la reconstrucción cultural y moral (sí, esa palabra tan denostada - no es raro, en una época sin mitos).

viernes, 20 de marzo de 2009

Ser público

Negroponte publicó hace unos años un libro, "Ser digital", en el que pronostica un futuro donde todo lo que podía ser digitalizado lo sería. Warhol dijo que en el futuro todos tendriamos derecho a nuestros 15 minutos de fama. Internet con "Web 2.0" (tecnologías para facilitar la comunicación y para compartir información) es el nexo entre ambos pronósticos: un mundo en el que todos pueden digitalizar su vida, y hacerla pública.

Parece una compulsión: redes sociales digitales, fotologs, blogs, videologs... Cada vez más son los que publican su vida y sus pensamientos, como algo más que un diario privado: con el secreto deseo de que el mundo los vea. Los bloggers y floggers sueñan con la fama que se mide en comentarios, la gente publica videos en YouTube y se contacta con amigos en Facebook, con colegas en LinkedIn, o arman sus propias redes sociales.

Algunos servicios incluso dan consejos para salir entre los primeros lugares en las búsquedas de Google... El tema no es sólo estar, sino que te vean.
Y ese es el tema; todos quieren ser públicos, para bien o para mal. Lo que hoy dijimos será permanente en el tiempo, y cuando ya no estemos seguirá en la red. No hay arrepentimiento posible; nada se borra, todo permanece (si no es en línea, es en el archivo de internet).

En el fondo no hay nada nuevo, es el ancestral deseo de trascendencia del hombre: plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro. Cosas que nos trascienden, que siguen ahí cuando ya no estamos. El valor central de nuestra existencia: permanecer. La única verdadera diferencia entre el hombre y el resto del reino animal (hasta que alguien me demuestre que otra especie tiene necesidad de trascendencia).
La única forma de vida eterna en una época sin cielo ni infierno.

Claro que es una forma de trascendencia totalmente superficial, son las formas de hoy. La trascendencia "zapping": ser famoso por unas horas; la trascendencia "light": ser público entre las multitudes de la web es ser anónimo.

Lo que pasa es que trascender en el real sentido de la palabra (y de la necesidad del alma) es hacer para los demás. Cualquier sucedáneo deja en uno esa sensación de vacío tan típica de los tiempos modernos, opuesta a la sensación de plenitud de un verdadero acto trascendente.

Porque eso es un acto trascendente: un acto que sale de nosotros y llega, para siempre, a los demás.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Blanco y negro

Me puse a releer alguna que otra cosa que escribí por acá. Y veo que está todo teñido de un color más bien oscuro, de bajón, bah.
Tendría que ser un poco más optimista... probemos, a ver qué pasa.
Boca ganó con los pibes, "somos" finalistas de la Davis, "trajimos" un par de medallas de oro de Beijing. No está mal por el lado del deporte.
Borges cada día escribe mejor, Gardel cada día canta mejor y ahora los capitales ahorran en cuadros (porque de acciones ni hablar, ¿no?). Bueno, por el lado de la cultura tampoco estamos mal.
Mañana hablo de economía.

martes, 14 de agosto de 2007

Como granos de arena

Mal momento para dejar de fumar... o para empezar un blog. El tiempo no da para nada (mucho trabajo, muchos pendientes, muchas cosas nuevas). Ya queda poco del 07, y ya empezamos a pensar "bueno, esto lo arreglaremos el año que viene" ;-)
Como decía Parsons, Alan: "y los días de tu vida son como granos de arena escurriéndose entre los dedos de tu mano abierta". Bueno, más o menos así. Poético.
Y no está mal. Lo bueno es todo lo que hay para rescatar en el medio.
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Ah, ya que estamos, estuve viendo a Tato. Habría que tener un registro para esas cosas, más seguro y menos caótico que Youtube, y volver cada tanto, pero no muy cada tanto. Pasajes del 62, que podría haber repetido en el 86, en el 2001, y seguramente (¡ojalá que no!) en el 2010. Como dice Piña, la historia no se repite: continúa.