jueves, 4 de diciembre de 2008

Modelos

Desde hace un tiempo me están dando vueltas en la cabeza los dos modelos macroeconómicos básicos: el ortodoxo y el keynesiano. Hay otros, neoliberales, neokeynesianos, monetaristas, lo que sea; pero esos son los básicos. Mi impresión es que ambos funcionan hasta cierto punto, pero también son en cierta medida utópicos. En la realidad es muy probable que terminen en crisis. Una economía totalmente liberal es, en teoría, perfecta. El problema de la libertad absoluta es que, como ni los recursos ni el mercado son infinitos ni perfectos, se convierte en la ley de la selva: en la guerra por el mercado todo vale. Los principales enemigos del liberalismo parecen ser la falta de controles y la corrupción; sus efectos, la desigualdad y la falta de competitividad. Una economía intervencionista también puede ser, en teoría, perfecta. Requiere un estado fuerte que sostenga la demanda, con buen control del déficit. Los problemas son más difusos, pero la experiencia muestra que tanto el déficit como la inflación tienden a descontrolarse. Los principales enemigos, tal vez, sean la ineficiencia, el clientelismo, el abuso de poder, otra vez la corrupción. La corrupción, en realidad, es un enemigo de cualquier política. Hace que nada sea previsible, ni eficiente, ni competitivo; destruye la igualdad de oportunidades, la moral, y el futuro. No es el único mal, pero sus efectos son devastadores. Si uno se toma el trabajo de graficar el índice de corrupción versus el PBI por cápita, si bien la correlación no es perfecta (hay países petroleros de gran PBI y mucha corrupción, por ejemplo, con una distribución de riqueza muy desigual) la relación se hace evidente.

 

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