sábado, 25 de junio de 2011

Sistemántica, premios y castigos

[Publicado en FB el 25/6/11]

Mencioné hace poco la sistemántica, creo, el "arte-ciencia" fundado por John Gall (o al menos "organizado" por él). No me acuerdo si mencioné el axioma "los sistemas desarrollan sus propias metas", que significa que una vez que se crea un sistema (software, empresa, institución, lo que sea), éste desarrolla metas que no necesariamente (o debería decir nunca) son las metas para las cuales fue creado.

[Al margen, una de las metas principales de todo sistema es sobrevivir, es decir, permanecer; por eso es tan raro encontrar un sistema desmantelado: a veces convertidos o disfrazados, siguen ahí, no siempre silenciosos].

Por otro lado, en los cursos de management o de RRHH se menciona la importancia de los sistemas de premios y castigos, tanto en el control de la gestión como en la motivación para el cambio. Digamos que sin un sistema de premios y castigos todo se diluye, se subjetiviza, se relativiza.

Ahora bien, hoy he llegado a la conclusión de que no hay institución sin sistema de premios y castigos. Lo curioso del caso, o tal vez a esta altura obvio, es que cada organización desarrolla sistemas implícitos de premios y castigos orientados a sostener sus propias metas (las mencionadas en el primer párrafo).

Esto quiere decir que, cuando la dirección de una organización no define explícitamente un sistema de premios y castigos, termina premiando las acciones funcionales a las metas "ocultas", implícitas, de la organización.

Un ejemplo, burdo diría: quienes acceden a los cargos ejecutivos más altos en los partidos no suelen ser los más idóneos para los objetivos del cargo, sino los más funcionales a los objetivos del partido. Otro: en una institución dedicada a la salud, no se premia a quien cura más rápido al enfermo sino a quien invierte más en estudios de alta complejidad. Y así (aclarando: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, etc.)

En resumen, una vez más es el "horror al vacío" en la naturaleza (y por lo tanto en los sistemas). Lo que no hace quien debe hacerlo, el propio sistema lo hace, acorde a sus propios fines: ésos que no podemos prever, ni influir, ni eliminar.

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