Acabo de mencionar a la ciencia y a la fe. Quiero aclarar un malentendido común.
Dicen que la religión no acepta la explicación científica de la realidad, y dicen también que la ciencia niega la existencia de Dios. Esto es cierto de algunos religiosos y de algunos científicos, pero decirlo de esta manera es generalizar sin demasiado análisis.
La ciencia no puede negar la existencia de Dios, porque Dios no es objeto de la ciencia. Es decir, todo aquello que no pueda conocerse objetivamente, sobre lo que no se pueda aplicar el método científico, es inexplicable para la ciencia y por lo tanto está fuera de su ámbito. Es muy pretencioso que un científico diga que algo, porque está fuera del conocimiento alcanzable por la ciencia, "no existe": eso se llama fanatismo, y ya di las razones de su existencia en mi entrada anterior.
Lo que la ciencia trata de demostrar es que Dios no es necesario para entender la realidad. El motivo está en el mito central de la ciencia: que la verdad puede ser conocida por el único esfuerzo de razón.
El problema es que al negar la necesidad de Dios, se niega el futuro del hombre; porque el hombre no es, para los que creemos, sólo materia. Porque, aún para los que no creen, la única posibilidad de trascendencia está fuera de lo material (lo material será nada más que partículas en el cosmos un día).
El hombre sin Dios puede ser egoísta sin escandalizarse; si la necesidad de trascendencia no forma parte de su sistema de valores, puede ser tranquilamente amoral. Lo mismo para la especie que para el individuo, sin necesidad de trascendencia no importan los actos, no importa el futuro. Este es el fatalismo del ateo fanático; los demás reconocerán, al menos, la existencia del instinto de supervivencia de la especie, presente hasta en los animales.
Si el hombre no pasa su vida sumido en una crisis existencial es porque sabe que puede trascender, porque es algo más que partículas de polvo cósmico. Por eso escribe un libro, planta un árbol o tiene un hijo; actos que lo superan y que lo trascienden.
Así como un hombre sin Dios es un hombre sin futuro, una sociedad sin Dios es una sociedad sin futuro; como también lo sería una sociedad sin ciencia.
Una sociedad sin ciencia no podría encontrar las herramientas tecnológicas para la supervivencia de la raza humana en un planeta demasiado pequeño y con recursos escasos para un ser que todo lo consume, que todo lo usa.
Una sociedad sin Dios no puede encontrar las herramientas espirituales para la supervivencia del hombre como ser moral, diferente de los animales, con conciencia de sí, de su especie y del universo.
La ciencia sirve porque sirve al hombre; el hombre sirve porque sirve a la especie y, más concretamente, porque sirve a Dios.
sábado, 23 de mayo de 2009
Mitos (y revalorización del rito)
Las definiciones de "mito" en el diccionario no me dejan conforme. Alguna acepción dice que es algo falso que condensa una verdad, otra que es algo verdadero adornado con falsedades. Yo creo que en un mito no importa mucho cuánto es verdad y cuánto no, incluso mitos hay que no sabemos si son (o no) ciertos, y otros que sabemos (a ciencia cierta) que son mentira. Pero los mitos son, en cierto sentido, siempre verdad; cada cultura acepta sus mitos como verdades aunque otras los nieguen o aunque, en la propia cultura, se dude de ellos.
Lo cierto es que los mitos son aceptados y utilizados funcionalmente para explicar conductas culturales, en un sentido amplio de la palabra. Esto es así porque los mitos sostienen los valores (buenos y malos) de las culturas.
Toda cultura tiene (necesita) mitos para explicarse, para identificarse y para sostener sus valores y antivalores. Las culturas, además, incorporan visiones míticas sobre otras culturas, pero en este caso la función es más bien defensiva.
La transculturización empieza y se fortalece con la transferencia de mitos y de ritos; cuando una cultura conquista a otra lo primero que hacer es destruir o resignificar sus ritos y sus mitos. Hay muchos ejemplos históricos de esto, siendo la conquista de América uno de ellos pero no el único.
Incluso la ciencia, tan fría ella, tiene sus "mitos".
El "mito" central de la ciencia es que es posible conocer la verdad con el sólo auxilio de la razón; sin ese mito no puede hacerse ciencia, y todo aquello que por su esencia tenga elementos de "ocultismo" (es decir, cosas que nunca podrán ser conocidas) provoca en el científico sentimientos de rechazo, aún cuando no sea objeto de la ciencia. Es por eso que hay científicos fanáticos, que buscan excusas para denostar a las religiones y creencias: no porque éstas sean malas, sino porque amenazan su mito fundamental al declarar que hay cosas que no pueden conocerse.
Las religiones se centran en "mitos" que dan sentido a la vida.
El "mito" central del cristianismo lo explica San Pablo: "Si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra Fe". Más adelante agrega: "Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos que mañana moriremos" (o, como luego dirá Juan del Encina, "mañana ayunaremos"). La resurrección, y la vida después de la muerte, son míticas para el hombre porque no pueden ser explicadas por la razón; por eso mismo, son cuestión de Fe.
Es imposible sostener una moral sin un sistema de valores. En una época en que se destruyen mitos todos los días, en que todo se relativiza (los mitos son absolutos culturales), no es raro que la moral se deteriore, que sea "lo mismo un burro que un gran profesor", que se comercie con el ser humano, que la vida no tenga valor.
Los ritos son expresión de los mitos, y los sostienen al revivirlos una y otra vez. Adoptando los ritos de otros, nustra cultura se debilita; vamos perdiendo la identidad para ser como aquellos a los que imitamos. Destruyendo nuestros ritos, vaciamos nuestra cultura; dejamos de tener identidad.
Recuperemos nuestros mitos, reinstalemos nuestros ritos, y ése será el principio de la reconstrucción cultural y moral (sí, esa palabra tan denostada - no es raro, en una época sin mitos).
Lo cierto es que los mitos son aceptados y utilizados funcionalmente para explicar conductas culturales, en un sentido amplio de la palabra. Esto es así porque los mitos sostienen los valores (buenos y malos) de las culturas.
Toda cultura tiene (necesita) mitos para explicarse, para identificarse y para sostener sus valores y antivalores. Las culturas, además, incorporan visiones míticas sobre otras culturas, pero en este caso la función es más bien defensiva.
La transculturización empieza y se fortalece con la transferencia de mitos y de ritos; cuando una cultura conquista a otra lo primero que hacer es destruir o resignificar sus ritos y sus mitos. Hay muchos ejemplos históricos de esto, siendo la conquista de América uno de ellos pero no el único.
Incluso la ciencia, tan fría ella, tiene sus "mitos".
El "mito" central de la ciencia es que es posible conocer la verdad con el sólo auxilio de la razón; sin ese mito no puede hacerse ciencia, y todo aquello que por su esencia tenga elementos de "ocultismo" (es decir, cosas que nunca podrán ser conocidas) provoca en el científico sentimientos de rechazo, aún cuando no sea objeto de la ciencia. Es por eso que hay científicos fanáticos, que buscan excusas para denostar a las religiones y creencias: no porque éstas sean malas, sino porque amenazan su mito fundamental al declarar que hay cosas que no pueden conocerse.
Las religiones se centran en "mitos" que dan sentido a la vida.
El "mito" central del cristianismo lo explica San Pablo: "Si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra Fe". Más adelante agrega: "Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos que mañana moriremos" (o, como luego dirá Juan del Encina, "mañana ayunaremos"). La resurrección, y la vida después de la muerte, son míticas para el hombre porque no pueden ser explicadas por la razón; por eso mismo, son cuestión de Fe.
Es imposible sostener una moral sin un sistema de valores. En una época en que se destruyen mitos todos los días, en que todo se relativiza (los mitos son absolutos culturales), no es raro que la moral se deteriore, que sea "lo mismo un burro que un gran profesor", que se comercie con el ser humano, que la vida no tenga valor.
Los ritos son expresión de los mitos, y los sostienen al revivirlos una y otra vez. Adoptando los ritos de otros, nustra cultura se debilita; vamos perdiendo la identidad para ser como aquellos a los que imitamos. Destruyendo nuestros ritos, vaciamos nuestra cultura; dejamos de tener identidad.
Recuperemos nuestros mitos, reinstalemos nuestros ritos, y ése será el principio de la reconstrucción cultural y moral (sí, esa palabra tan denostada - no es raro, en una época sin mitos).
viernes, 8 de mayo de 2009
Idioma global
Idioma global y consumo van de la mano. Suele pensarse que el idioma global lo imponen los imperios, pero esto es porque los imperios son a su vez grandes consumidores de recursos. El idioma que se impone es el del comprador.
Alguna vez el latín, el francés en época de Napoleón, o el inglés ahora, los grandes consumidores ponen las reglas y el idioma. El cliente siempre tiene razón.
El hecho de que el chino o el ruso no hayan tenido el éxito del inglés reside en que el comercio estadounidense fue mucho más abierto y la cultura norteamericana mucho más consumista; si el chino medio fuera un gran consumidor probablemente se estudiaría chino, y no inglés, en las escuelas.
¿Cuál será el próximo idioma global? La pista es buscar cambios en los hábitos de consumo de las culturas. Todavía no se ven esos cambios; y es probable que no los veamos nosotros. Son cambios lentos en épocas de paz, más bruscos en épocas de conquista. Hoy por hoy seguimos estudiando inglés, pero si las crisis globales obligaran a volcarse a mercados que hablan en otras lenguas, no tengo dudas de que el idioma global cambiaría.
Alguna vez el latín, el francés en época de Napoleón, o el inglés ahora, los grandes consumidores ponen las reglas y el idioma. El cliente siempre tiene razón.
El hecho de que el chino o el ruso no hayan tenido el éxito del inglés reside en que el comercio estadounidense fue mucho más abierto y la cultura norteamericana mucho más consumista; si el chino medio fuera un gran consumidor probablemente se estudiaría chino, y no inglés, en las escuelas.
¿Cuál será el próximo idioma global? La pista es buscar cambios en los hábitos de consumo de las culturas. Todavía no se ven esos cambios; y es probable que no los veamos nosotros. Son cambios lentos en épocas de paz, más bruscos en épocas de conquista. Hoy por hoy seguimos estudiando inglés, pero si las crisis globales obligaran a volcarse a mercados que hablan en otras lenguas, no tengo dudas de que el idioma global cambiaría.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Crisis global
Bueno, por fin alguien que coincide conmigo: Bernanke cree que la salida de la crisis comenzará este año, algo que yo anticipaba a principios de diciembre.
En realidad ya se empiezan a ver algunos indicadores más optimistas, tanto a nivel local como global. Sólo me preocupa que el precio del petróleo no recupera terreno, pero eso no es tan malo - excepto para mi orgullo.
Espero que en esto, al menos, Bernanke y yo acertemos.
En realidad ya se empiezan a ver algunos indicadores más optimistas, tanto a nivel local como global. Sólo me preocupa que el precio del petróleo no recupera terreno, pero eso no es tan malo - excepto para mi orgullo.
Espero que en esto, al menos, Bernanke y yo acertemos.
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