sábado, 23 de mayo de 2009

Mitos (y revalorización del rito)

Las definiciones de "mito" en el diccionario no me dejan conforme. Alguna acepción dice que es algo falso que condensa una verdad, otra que es algo verdadero adornado con falsedades. Yo creo que en un mito no importa mucho cuánto es verdad y cuánto no, incluso mitos hay que no sabemos si son (o no) ciertos, y otros que sabemos (a ciencia cierta) que son mentira. Pero los mitos son, en cierto sentido, siempre verdad; cada cultura acepta sus mitos como verdades aunque otras los nieguen o aunque, en la propia cultura, se dude de ellos.

Lo cierto es que los mitos son aceptados y utilizados funcionalmente para explicar conductas culturales, en un sentido amplio de la palabra. Esto es así porque los mitos sostienen los valores (buenos y malos) de las culturas.
Toda cultura tiene (necesita) mitos para explicarse, para identificarse y para sostener sus valores y antivalores. Las culturas, además, incorporan visiones míticas sobre otras culturas, pero en este caso la función es más bien defensiva.

La transculturización empieza y se fortalece con la transferencia de mitos y de ritos; cuando una cultura conquista a otra lo primero que hacer es destruir o resignificar sus ritos y sus mitos. Hay muchos ejemplos históricos de esto, siendo la conquista de América uno de ellos pero no el único.

Incluso la ciencia, tan fría ella, tiene sus "mitos".
El "mito" central de la ciencia es que es posible conocer la verdad con el sólo auxilio de la razón; sin ese mito no puede hacerse ciencia, y todo aquello que por su esencia tenga elementos de "ocultismo" (es decir, cosas que nunca podrán ser conocidas) provoca en el científico sentimientos de rechazo, aún cuando no sea objeto de la ciencia. Es por eso que hay científicos fanáticos, que buscan excusas para denostar a las religiones y creencias: no porque éstas sean malas, sino porque amenazan su mito fundamental al declarar que hay cosas que no pueden conocerse.

Las religiones se centran en "mitos" que dan sentido a la vida.
El "mito" central del cristianismo lo explica San Pablo: "Si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra Fe". Más adelante agrega: "Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos que mañana moriremos" (o, como luego dirá Juan del Encina, "mañana ayunaremos"). La resurrección, y la vida después de la muerte, son míticas para el hombre porque no pueden ser explicadas por la razón; por eso mismo, son cuestión de Fe.

Es imposible sostener una moral sin un sistema de valores. En una época en que se destruyen mitos todos los días, en que todo se relativiza (los mitos son absolutos culturales), no es raro que la moral se deteriore, que sea "lo mismo un burro que un gran profesor", que se comercie con el ser humano, que la vida no tenga valor.

Los ritos son expresión de los mitos, y los sostienen al revivirlos una y otra vez. Adoptando los ritos de otros, nustra cultura se debilita; vamos perdiendo la identidad para ser como aquellos a los que imitamos. Destruyendo nuestros ritos, vaciamos nuestra cultura; dejamos de tener identidad.

Recuperemos nuestros mitos, reinstalemos nuestros ritos, y ése será el principio de la reconstrucción cultural y moral (sí, esa palabra tan denostada - no es raro, en una época sin mitos).

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