sábado, 23 de mayo de 2009

Ciencia y fe

Acabo de mencionar a la ciencia y a la fe. Quiero aclarar un malentendido común.

Dicen que la religión no acepta la explicación científica de la realidad, y dicen también que la ciencia niega la existencia de Dios. Esto es cierto de algunos religiosos y de algunos científicos, pero decirlo de esta manera es generalizar sin demasiado análisis.

La ciencia no puede negar la existencia de Dios, porque Dios no es objeto de la ciencia. Es decir, todo aquello que no pueda conocerse objetivamente, sobre lo que no se pueda aplicar el método científico, es inexplicable para la ciencia y por lo tanto está fuera de su ámbito. Es muy pretencioso que un científico diga que algo, porque está fuera del conocimiento alcanzable por la ciencia, "no existe": eso se llama fanatismo, y ya di las razones de su existencia en mi entrada anterior.

Lo que la ciencia trata de demostrar es que Dios no es necesario para entender la realidad. El motivo está en el mito central de la ciencia: que la verdad puede ser conocida por el único esfuerzo de razón.

El problema es que al negar la necesidad de Dios, se niega el futuro del hombre; porque el hombre no es, para los que creemos, sólo materia. Porque, aún para los que no creen, la única posibilidad de trascendencia está fuera de lo material (lo material será nada más que partículas en el cosmos un día).

El hombre sin Dios puede ser egoísta sin escandalizarse; si la necesidad de trascendencia no forma parte de su sistema de valores, puede ser tranquilamente amoral. Lo mismo para la especie que para el individuo, sin necesidad de trascendencia no importan los actos, no importa el futuro. Este es el fatalismo del ateo fanático; los demás reconocerán, al menos, la existencia del instinto de supervivencia de la especie, presente hasta en los animales.

Si el hombre no pasa su vida sumido en una crisis existencial es porque sabe que puede trascender, porque es algo más que partículas de polvo cósmico. Por eso escribe un libro, planta un árbol o tiene un hijo; actos que lo superan y que lo trascienden.

Así como un hombre sin Dios es un hombre sin futuro, una sociedad sin Dios es una sociedad sin futuro; como también lo sería una sociedad sin ciencia.

Una sociedad sin ciencia no podría encontrar las herramientas tecnológicas para la supervivencia de la raza humana en un planeta demasiado pequeño y con recursos escasos para un ser que todo lo consume, que todo lo usa.

Una sociedad sin Dios no puede encontrar las herramientas espirituales para la supervivencia del hombre como ser moral, diferente de los animales, con conciencia de sí, de su especie y del universo.

La ciencia sirve porque sirve al hombre; el hombre sirve porque sirve a la especie y, más concretamente, porque sirve a Dios.

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