[Publicado en FB el 19/8/2012]
"Yo creo que se podría aprender sin tener que odiar lo que estudiamos" (Frato)
Entre las eternas e inmutables leyes naturales de los Sistemas, John Gall ("Systemantics") lista la siguiente: "Ni bien surgen a la vida, los Sistemas desarrollan sus propias metas ". En otras palabras, no importa el objetivo con el que un sistema es creado, éste elige y persigue objetivos propios que tienen que ver con su supervivencia, y poco en general con los deseos de quienes los imaginaron.
El sistema educativo, como cualquier otro, refleja estos principios. Y no tiene más remedio que ceñirse a las generales de la Ley. Así, uno conoce docentes cuyo objetivo principal pareciera ser que los alumnos completen el cuaderno de ejercitación anual, y otros para quienes es difícl creer haya algo más importante que la respuesta correcta a una docena de preguntas, cuatro veces por año.
Que alguien aprenda, en todo el amplio sentido de la palabra, parece haberse convertido en una cosa circunstancial y tal vez hasta inconveniente por el esfuerzo que conlleva. Todavía hay docentes que creen que el evaluado es el alumno, y que una evaluación es una prueba a superar. Ellos son los que usan los exámenes no como herramienta para guiar la enseñanza, sino como un fin (es notable la mejora, en este sentido, del Reglamento General de Escuelas, que en 2011 ya no asocia "evaluar" sólo a "juzgar el conocimiento del alumno": se evalúan las prácticas de enseñanza, la evaluación sirve como "input" para el diseño y rediseño de las estrategias didácticas).
Es que el resultado de una evaluación nos dice tanto o más del docente que del alumno: qué capacidad tuvo para llegar a ellos, para hacerlos parte del proceso educativo, para despertar su interés por conocer, por comprender y por hacer. Si fue capaz de entender la educación como un servicio centrado en el alumno, y no como un trabajo centrado en el profesor.
El estudio debería ser una elección, no una obligación. Aprender debería ser un placer, no un martirio. ¿Por qué ir a la escuela? Para el que estudia, es una herramienta de competitividad. En un mundo donde el trabajo escasea, hay que tener certificados para ganárselo a otro. La escuela moderna es un invento del Estado para "uni-formar" a la población, es decir, para formarla a medida de su necesidad, la de la era industrial.
Como nos mostraron Tonucci y Toffler hace ya años (reflejado después por The Wall), la escuela moderna es un modelo de la fábrica, y prepara a las masas para para producir, cumplir, obedecer. En la fábrica del pasado, la creatividad era un riesgo que debía controlarse. Los futuros dirigentes, en cambio, van a escuelas de elite, en las que aprenden los secretos del negocio y del mando.
Sir Ken Robinson nos enseña, desde hace unos años, que esa escuela-fábrica, con gente clasificada por edades y por materias, cumpliendo horarios y programa, mata la creatividad en esta sociedad post industrial donde el valor no está en la uniformidad sino en saber ser diferente, en atreverse a ser quien se es, y lograrlo.
La escuela moderna está en una etapa de profunda transformación, más profunda que la distinción entre conductismo y constructivismo. El desafío es plantear una nueva didáctica que permita a cada uno descubrir lo valioso dentro de sí, y darle las herramientas para que con eso llegue a hacer algo con eso para él y para los demás. Todo esto sin dejar de dar a todos elementos básicos, comunes y necesarios para desenvolverse en el mundo real, para poder relacionarse con los otros en nivel de igualdad.
Y eso no significa obligar a adquirir conocimientos coyunturales que no a todos interesan y a pocos agregan (pero sí a quienes los buscan): se trata de dar herramientas para vivir, para entender el mundo, para hacer y para crecer en la medida de la potencialidad de cada uno.
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